jueves, 9 de noviembre de 2017

La Fiesta de San Martín en Bueu pese a que era uno de los eventos más importantes de la villa[1] a lo largo del año, no siempre ha sido fácil celebrarlo con toda clase de facilidades. Hubo momentos en que la fama de la fiesta transcendía a los medios de comunicación con gran aporte gráfico y de articulos. Proba de ello puede leerse en lo que he publicado en la revista O Candil nº 3, 7 y 11 de noviembre de los años 1994, 1995 y 1996 en las que recogía la contribución en la promoción de las Fiestas de San Martiño.
Siguiendo en esa línea y aprovechando que también este ano hubo dificultades para que una Comisión de Fiestas pudiera hacer con garantías la fiesta del patrono de Bueu por lo que ha tenido que hacerse con las riendas de la misma el ayuntamiento de Bueu. Esto me ha recordado una pequeña entrevista publicada en El pueblo gallego del 10 de noviembre de 1960 al presidente de la Comisión de fiestas de ese año, D. Perfecto García Lemos[2] que a continuación transcribo:
Diálogo con D. Perfecto García Lemos Presidente de la Comisión de Fiestas
-Si no fuera por el entusiasmo de una peña de amigos, no se celebrarían este año las fiestas en honor de San Martín -nos ha dicho don Perfecto García Lemos, presidente de la comisión festera de Bueu.
- ¿Son verdaderamente interesantes?
-Yo creo que sí. Sobre todo, por su tradición y porque son fechas en las que todos los hijos de Bueu se reúnen pese a encontrarse alejados.
- ¿Ocasionan mucho perjuicio económico?
-Ni perjuicio ni beneficio. El comercio y la industria local se encargan de sufragar los muchos gastos que la organización de estas fiestas ocasionan.
- Diga usted -añadió el Perfecto- que el verdadero peso de la comisión de fiestas lo llevan otros señores: Antonio Cerviño e Isolino Liméns y las comisiones que por barrios se han compuesto. Son los que verdaderamente se preocupan de que tengan éxito. Porque las Fiestas de San Martín son totalmente necesarias. Casi siempre acuden aquellos que desde hace tiempo están lejos. Son algo así como las Navidades.
- ¿De los alicientes festeros ¿Cuál es el más importante?
-Este año los fuegos serán algo flojos. El fútbol quizás sea lo más destacado del programa. Espero que por lo menos se iguale la categoría festera de años anteriores. Este año incluso habrá un día más de fiesta. Comenzarán hoy diez del actual y finalizarán el trece domingo.

Como decía Perfecto García, el fútbol es uno de los alicientes más destacados. En el mismo periódico aparece el presidente, entrenador, directiva y jugadores de los dos equipos del Bueu: el juvenil y el de mayores.



[1] Y también de los bueueses en la emigración que tenían la costumbrede juntarse a comer por en esa fecha, como por ejemplo lo hacían los “Unidos de Bueu” en la Argentina: http://bit.ly/2zRh7yt   
[2] Fuera regidor municipal de 1937-1939. Hay una entrada en este blog sobre su cese: http://bit.ly/2Aznumv  

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Juan José Caamaño Pardo
El día 1 de marzo de 1809, veintisiete días antes de la liberación de Vigo del ejército francés, el Conde de Maceda, Juan José Caamaño Pardo[1], se reúne con el comandante inglés Jorge Me Kinley en aguas de Ons. Lo hicieron a bordo de la fragata Lively[2] que llevaba un tiempo en las aguas insulares a la espera de obtener información de la actividad de la resistencia gallega contra las tropas francesas. 

Y según recoge el acta de la reunión ésta ha sido mui esclarecedora para el gobierno inglés ya que recibían de primera mano información de la situación e intenciones de las tropas que intentaba Reconquistar el Reino de Galicia. Consecuencia de esta reunión ha sido la correspondencia e intercambio de una constante información entre ambos ejércitos.

Certificado original, y Copia de traducción al idioma español, del documento honorífico, del Comandante de la Fragata de S. M. Británica Lively á favor de S.E. el Conde de Maceda, en la gloriosa causa de S. M. el Señor D. Fernando VII, y Reconquista del Reyno de Galicia. Mayo 19 de 1809.
Traducción de un Certificado en Inglés entregado á S. E. el Conde de Maceda por el honorable Jorge Mª Kinley Comandante de la Fragata de S. M. B. Lively, estando fondeada en el Puerto de Vigo desde la reconquista de dicha Plaza[3], y sus Castillos, por las armas de S. M. el Señor D. Fernando VII, y es del tenor siguiente:
Fragata S. M. Británica Lively frente a la Isla de Ons
En el primero día de Marzo de 1809 ha venido á bordo de la Fragata de S. M. B. Lively baxo mi mando en la Isla de Ons; su Excelencia el Señor Don Juan Josef Caamaño, Conde de Maceda con planos de operaciones para la dirección de los Patriotas Galicianos, los quales habían en varios lugares alzado las armas contra la opresión de los franceses, que poseían las principales Ciudades y Fortalezas del Reyno, y fue S. E. el Sr. Conde de Maceda la Primera Persona que me dio las mejores informaciones de todo el Estado de los Pueblos, de manera que ha sido tan zeloso en la causa de Fernando VII, que ha sido el móvil de libertar su País del yugo del vil usurpador Bonaparte; que inmediatamente mandé pliegos para mi Gobierno, y he tenido el honor de continuar á corresponderme desde entonces con S. E.; de lo cual resultó que la causa Patriótica fue en aumento: estoy también cierto por mi propio conocimiento que ni fatiga de cuerpo, ni de espíritu ha sido omitida en muchas críticas, y peligrosas situaciones que rodearon á S. E. en la causa gloriosa.= Dado de mi mano y sello á bordo de la Fragata de S. M. B. Lively.= Vigo 19 de Mayo de 1809.= Jorge Me Kinley.


[1] Juan José Caamaño Pardo (Ferrol 1761-Madrid 1819). Miembro de la Junta de Defensa del llamado “Reino de Galicia”. Defensor destacado de las ideas e instituciones del Antiguo Régimen. Beligerante contra las tropas francesas, contra los “afrancesados” y contra los liberales...
[2] Este mismo barco, en compañía de otros tres, atacaron el 5 de octubre de 1804 a una pequeña escuadra de cuatro embarcaciones españolas que venían cargadas de oro y plata de tierras americanas. Curiosamente por esas fechas las marinas inglesa y española no estaban en guerra. Consecuencia de este ataque ha sido el hundimiento de una fragata española (Mercedes) frente al Cabo de Stª María (Portugal) y las otras tres fueron apresadas.
[3] 28 de marzo de 1809 día en que derrotados los franceses abandonan por la Puerta de Gamboa la ciudad de Vigo.

martes, 17 de octubre de 2017

Curiosamente el mal tiempo se ha cebado, en distintos momentos de la historia de los últimos 150 años, con la iglesia de Beluso y más concretamente con las campanas.
El primero de los desastres que nos ha llegado[1] tiene como fecha el año 1803 en el que por causa de una tempestad (ciclón) se tuvo que reponer la vidriera de la iglesia de la capilla mayor.

Case que treinta años después, en 1831, vuelve a haber daños en la iglesia. Esta vez en la campana mayor.
Los vecinos y el cura ecónomo de Beluso escriben al arzobispado para solicitar ayuda para refundir la campana estropeada.
Posteriormente el Secretario de la Cámara del Arzobispado de Santiago escribe al cura párroco de Bueu pidiéndole un informe de los daños y prioridad de las necesidades de la parroquia vecina. Éste le responde con una carta en la que confirma las necesidades de la parroquia de Beluso:
“S. refundir una Campana
En fecha 25 de mayo próximo pasado informé a V. S. lo que sigue =
En contestación al oficio de V.S. fecha 1os del que rige, por el que de Orden del E. el Arzobispo mi señor se me previene, diga si es cierto lo que expresa el cura ecónomo y vecinos de Stª Mª de Beluso de haberse roto y puesto inservible la Campana Mayor quedando solamente una pequeña que no se oye en toda la parroquia y que dichos vecinos por la escasez de los tiempos no tienen con que costear la fundición de otra campana capaz: Debo manifestar al V. S. que todo cuanto dichos vecinos representan es la pura verdad y que casi todo, o la mayor parte a lo menos se hallan bastante miserables, sin tener quien les socorra en sus necesidades por no tener cura párroco y estar vacante aquella parroquia hace muy cerca de cuatro años. También es cierto haber cobrado de la Cuenta¿? vacante los 3433 rrs por cuyas razones me parece ser justa su pretensión; solo sé de que la campana sea del mismo peso que la que se haya inservible […] Es verdad que el retablo del Altar Mayor se halla un poco viejo sin embargo de que me parece aún subsiste decente por algún tiempo; además de que la mitad de la herencia del difunto cura, después de que de toda ella se paguen los desperfectos al venidero, que deben ser pocos, la dejó para dicha Fábrica, y con su impte (importe) siempre que fuere necesario, se puede reparar el referido retablo.
Es todo lo que puedo informar….
19 de junio 1831
Andrés Pérez Lapido
  Pasados poco más de 50 años, concretamente el 15 de diciembre del año 1886, un ciclón tira el campanario, techo y tribuna de la iglesia. Raja la campana, esta vez la menor, y dos confesionarios. Daña parcialmente las paredes laterales y el arco toral (en el presbiterio). La reparación asciende a 2.741 pesetas (cantidad muy elevada para la época).
Y el azar volvió a ensañarse con la parroquial de Beluso. Fue en 1926 cuando un rayo estropeó la campana y parte dela fachada.




[1] Da man de Carlos Vázquez Marinelli na súa “Guía didáctica da arte no Morrazo”

sábado, 7 de octubre de 2017

En la primera mitad del siglo XIX se publicó un Real Decreto por la cual los hermanos, padres o parientes de los desertores tenían que presentarse a cubrir la plaza dejada por este al desertar y si no lo hacían al cabo de cierto tiempo serían arrestados.
Y a raíz de esto nos encontramos que en el año 1839 hay una reclamación al Jefe Político de la Diputación para que no se cumpla esta Norma en la persona de un joven de Bueu, llamado Eusebio Cerviño, al que se le quiere obligar a pasar el servicio militar como soldado de terra, en el reemplazo de un primo suyo desertor.
La reclamación invoca una serie de circunstancias que tendrían que anular dicha Orden:
-         Que el no vivía ni con su primo ni con su hermano, que por cierto desertó también!
-         Que el ya está alistado como Matriculado de la Armada y no de “Terra” como si lo serían otros primos de estos desertores: Que serían “moi aptos para el servicio [en el Ejército de Tierra] y  con bienes suficientes de más de diez mil rrs para comprar un hombre por su cuenta (para que hiciese la mili por él) según manifiesta la hermana de dicho matriculado”

 Texto de la reclamación:
El Sr. Comandantes Militar del Tercio Naval y Provincia de Vigo, con fecha 1º del actual, dice a esta Diputación lo sigte:
Eusebio Cerbiño, matriculado por el Puerto de Bueu, me ha representado, que habiéndole tocado la suerte de soldado á un primo suyo que se desertó, se le obliga a pasar al servicio en su reemplazo; sin embargo de que yo conceptúo de que esta disposición habrá sido sin duda ignorando la circunstancia de Matriculado que concurre en el interesado y que se le dejaría en plena libertad luego que yo hiciese presente a Vd. la equivocación padecida, he creído conveniente oír en el particular el parecer del Sr. Auditor de Marina de esta Provª, quien con fecha de ayer me expone lo siguiente =
Sr. Comandante = No existe ni se me comunicó Rl. Orden alguna que prevenga se obligue a los matriculados a servir por los terrestres, y solo he oído que el Sr. Gefe Político e Intendte había prevenido por medio del Boletín oficial, que los hermanos, Padres y parientes de los desertores se presentasen a cubrir su plaza, y que no haciéndolo dentro de cierto tiempo se les arrestase. En tal estado, el arresto de un matriculado por un primo desertor qe vivía fuera de su compañía y un hermano también. Reclamado que parece que ya resellado desertó también, no lo conceptuo justo, pero como se imboca una Rl orden que no tengo a la vista, será muy conveniente se reclame este matriculado por Ud. Del Sr. Gefe Político como Presidte de la Exma. Diputación, o que se sirva transmitir copia de la Rl orden en que se haya fundado el arresto de este matriculado, pues teniendo el desertor primos terrestres muy actos para el servicio y con bienes suficientes de más de diez mil rrs para comprar un hombre por su cuenta según manifiesta la hermana de dicho matriculado, no parece justo se defraude a la matrícula de un individuo haciéndose aún dudosa la Rl orden que sirve de fundamento, que a ser cierta parece no se demoraría la circulación por el ramo pa evitar reclamaciones; más Vd, sin embargo resolverá lo más justo = y de conformidad con su dictamen, lo pongo en conocimiento de Vd, esperando se servirá dejar expedita la persona de Eusebio Cerbiño, por las razones expresadas, teniendo a bien comunicarme su resolución a los fines que puedan convenir.”
Y de acuerdo de la Corporación lo traslado a V. a fin de que informe ese Ayuntamiento manifestando si el matriculado de que se hace mérito en el inserto oficio es de los que se hallaban inscriptos antes del treinta de junio del año próximo pasado, cuyo informe evacuará a la mayor brevedad.
Dios que a V. ns. as,
Ponteva 6 de Mayo de 1839
El DG
Claudio González
Pet Ds
Lorenzo Besada

Sr. Presidte y Ayuntamto de Bueu

jueves, 14 de septiembre de 2017

A pesar de la alta temperatura en la que está hoy en día la política en España con el tema catalán, y sin la más mínima intención de interferir con ningún tipo de discurso, voy plasmar en esta entrada un telegrama que hace mucho tiempo había fotocopiado y que la casualidad ha hecho que me volviera a tropezar con él y con una pequeña nota que le adjuntara. Polo que paso a transcribirlos, pues pienso que puede ser una información interesante o, cuando menos, curiosa:
El 15 de abril de 1931, día siguiente a la proclamación de la Segunda República Española, los gobernadores civiles tuvieron mucho trabajo en comunicar a través del telégrafo esta nueva a todas las alcaldías[1]. A su vez entre las noticias corrían rumores de todos los colores e intenciones acordes con las enconadas luchas políticas e ideológicas que en  España se estaban a vivir por aquellas fechas. 
Uno de esos rumores que el Ministro de la Gobernación, o través de los gobernadores provinciales, quería desmentir era el de la supuesta constitución de la “República de Cataluña”. Y lo hizo ese día en el que nos estamos a referir, un miércoles 15 de abril de 1931, en los siguientes términos como reza en el telegrama recibido por el alcalde en funciones de Bueu, Ramón Domínguez Ferradás:
 “Para su satisfacción y del público general transmito a V. el siguiente telegrama recibido del ministro gobernación y que debe V. hacer público en cuanto lo reciba.
Son absolutamente falsos rumores que se han esparcido acerca proclamación República Cataluña con sentimiento hostilidad ni siquiera de tibieza para el resto de las regiones y la totalidad del Estado, por el contrario, el presidente gobierno república ha celebrado con Sr. Macía y personajes significados de igual tendencia cordialísimas y efusivas y conmovedoras conferencias en las cuales ha valorado al par que una mutua confianza para satisfacción de las aspiraciones de Cataluña y Grandeza España los más nobles y elevados sentimientos. Según comunicaron las mismas personas se había proclamado la República [Española] entre el entusiasmo del pueblo que daba sus vivas frenéticas a la nueva forma Estado, a Cataluña y a España.”




[1] En el Archivo Municipal hay constancia de estos telegramas y del que se transcribirá a continuación. 

viernes, 1 de septiembre de 2017

Hoy remata agosto y en sus ojos se refleja el equipaje de la tristura que da la marcha de los amigos, de los vecinos, de los veraneantes, ... Septiembre, una vez más, reparte pensamientos y sentimientos de Bueu en la memoria y en el corazón de los Santi, de los Paco, de las Lucías, de las Lolas y de tantos y tantas que, como las golondrinas, tentarán volver el próximo año.
En homenaje a todos los que habéis estado en Bueu este verano y deseáis regresar... un pequeño relato fruto de una estancia en la playa de Beluso, a mediado de los años sesenta del siglo pasado, de la doctora coruñesa, afincada en Granada, Lina Anguiano, titulado “Unha carta a la playa de Beluso” que a continuación transcribo:
 Pulsar libro para ver artículo original
Pulsar libro para ver artículo original

Calle larga de una hilera de casas que mira a la costa. Un pequeño puerto. Unas redes tendidas al sol. Y barcas, muchas barcas de quilla aplomada que en el país llaman dornas; unas varadas en la arena, otras cabeceando en las aguas de la ría.
A la espalda un valle, el verde valle que asciende hasta Beluso, domina el pueblo y las cercanas playas y las suaves montañas que allá enfrente contornean la lejanía.
Un museo, en cuya fachada unas palabras vibran sobre la piedra, como un himno de gloria a la mar.
Un monumento en granito al pescador, una lonja, unas tiendas con aparejos de pesca. Niños que juegan a ser marineros. Mujeres que van y vienen con cestas de pescado a la cabeza. Hombres curtidos, que a la puerta de una taberna, charlan en grupos al caer la tarde, antes de hacerse a la mar.
Viento salobre, viento de brea que huele a eucalipto y tiene todos los sabores del valle. Viento que desciende del bosque de Beluso, viento insondable del Norte.
Y un mar que brama desde el principio del Tiempo día y noche, día y noche, sin amainarse, sin sosegarse nunca.
Este es Bueu, el pueblo de pescadores, mecido en el regazo de la aldea de Beluso. Este es Bueu.
El rojo amante del faro protege ahora al pueblo que se ha quedado sin hombres. A mi balcón, abierto al presagio de las olas, llega el eco de unos pasos y el dolor de una aguda nostalgia. Unas débiles luces cabrillean en las aguas de la ría. Ligeras nubes ocultan a medias la luna. Pero el cielo es claro y veo cómo emergen las montañas y veo el pueblo y el reloj del museo marinero que marca las horas en Bueu.
No hay voces. No hay murmullos. Nadie vela. Solo el latido del mar y el latido de mi oscura añoranza. Una congoja, la ignota congoja del mar que arrastra las lágrimas de todos los mundos, irrumpe a oleadas en mi alma. La playa de Beluso recoge mi llanto y el nombre de un ensueño que se va.
Mañana habré partido... Mañana.
De cara al aliento de la noche, te doy las gracias y te digo adiós.
Te doy gracias por la luz con que tus ojos me; miraban, por tu sonrisa, por las hondas baladas de tu patria que me brindaste a medianoche la víspera de iros a Bueu.
Te doy gracias por el bondadoso ademán con que tu mano me protegía. Te doy gracias por no haberme abandonado un solo instante. Te doy gracias por todas las atenciones, por todas las pequeñas cosas que me ofrecías a diario. Te doy gracias, gracias siempre por todo lo que he recibido de ti.
Cambiaría mis días más felices por las sencillas comidas en la larga mesa familiar que presidía tu madre. A mi memoria acude una y otra vez la tierna solicitud con que todos los hermanos la obsequiabais a ella y el cálido gesto con que tú te inclinabas para atenderme a mi.
En ocasiones tu madre conversaba con los tres compatriotas que compartían vuestra vida. Hablaba de la cocina, las costumbres y las dulces vivencias que habían quedado en el Este, en el pais natal.      '
Todas mis alegrías las cambiaría por volver a escuchar el suspiro de las olas en aquella mesa. Y las cambiaría por el hermoso paseo que hacíamos todos juntos para asistir el domingo a la parroquia de Bueu.
A ti te gustaba ir por el camino más largo, por un sendero bordeado de árboles que ascendía hasta la iglesia. En el azul de la mañana y de la ría, el saludo de la campana brincaba gozoso por el valle.
Vuestros amigos y tus dos hermanos llevaban a tu madre en el centro. Tú delante, venías siempre conmigo. De vez en cuando llegaban a nosotros algunas frases en tu idioma eslavo. Era tu madre quien hablaba, Tú te volvías hacia el ser querido que había salvado varias fronteras para venir a veros. Te volvías hacia ella con tus claros ojos iluminados de caricias. Luego, sonriendo, me traducías a mi sus palabras ... Y seguíamos caminando.
De pronto dabas un salto para alcanzar la rama de un árbol. O me apartabas delicadamente del sol. O me gastabas una broma. Y me mirabas a los ojos. Y sonreías ... Y seguíamos caminando.
A veces yo me detenía para mirar atrás. Bueu y la playa iban quedándose abajo. A medida que ascendíamos, el paisaje se dilataba, se expandía hasta el horizonte. En la inefable calma de la altura, una visión de montes, de prados y caseríos, de ria, de sol, de verdes y azules, de barcas, de luz y de brisa, parecía desbordarse e inundar de belleza a la tierra. Parada allí, en la cima, escuchando el trémulo secreto de los árboles, yo miraba y miraba. Miraba con los ojos del rostro y miraba con los ojos del alma.
Mañana, ahora mismo, todo esto ya no es más que un recuerdo, el nombre de un ensueño que se va.
Ya para siempre estos días serán mi Tatra, la vieja montaña del Este, donde tú naciste y que acaso nunca la vuelvas a ver.
Una tarde me hablabas de tu infancia. Me hablabas de las Cárpatos, de las veces que habías remado por el río que serpenteaba el Tatra. No era en Bueu donde evocabas tu niñez. Era en otra playa, sentados sobre una roca en un lugar desierto de matojos y peñas, batido por las olas. Habíamos ido hasta allí en lancha. El viento borrascoso del Norte nos azotaba el rostro y sacudía los helechos que crecían al pie de la roca. Tú te detuviste a contemplarlos y pasando la mano por las matas, me preguntaste como se llamaba en mi lengua. Yo te dije el nombre y entonces me diste a conocer una leyenda que los viejos contaban a los niños de tu país.
Según la leyenda, el helecho daba una flor que vivía una sola noche, la noche de San Juan. Había que salir de madrugada a buscarla al resplandor de las hogueras encendidas al pie de las montañas y aquel niño que tuviese la fortuna de encontrarla, podía pedirle tres cosas, las más deseadas, que la flor tenía la virtud de conceder… De pequeños solían hablarte de un niño que en tiempos había hallado la flor... Tú ­decías sonriendo­ no habías encontrado ninguna.
Me referías la leyenda en la roca, de cara a los grises de la tarde, en un paraje que traía a tu memoria el recuerdo del Tatra.
Mañana habré partido y cuando llegue el verano ya no podré ir a la roca a buscar el fruto del helecho la noche de San Juan. Pero si en algún otro lugar la encontrase, pediré a la flor que te sea dado volver al Tatra. Pediré que otra vez te sea dado posar tu mano en los helechos de los Cárpatos y surcar el río donde tú aprendiste a remar en la niñez.
Está subiendo la marea y las olas se estrellan contra el dique donde tú y yo hemos estado sentados esta noche. Sólo hace unas horas y ya parece que el reloj del museo marinero hubiera cesado de latir. Sólo hace unas horas que tú te despojabas del jersey para echarlo blandamente sobre mis hombros. Sólo hace unas horas.
Soplaba el viento y el pueblo se había ido a descansar. Únicamente nosotros permanecíamos sentados en el dique escuchando la ronca sonata de las olas. Toda la noche habríamos deseado quedarnos allí, a la clara luz de Eternidad que bañaba nuestras almas.
Ahora, mientras tú duermes sumergido tal vez en la nostalgia del Tatra, yo contemplo el dique y de nuevo te digo gracias. Gracias por haberme cuidado tan dulcemente. Gracias por la bienvenida que me dispensaste en la carretera con tus hermanos y amigos la tarde que llegué a Bueu. Gracias por las moras, por las rosas silvestres que, atadas en tu pañuelo para que no me pinchase, me ibas ofreciendo esta tarde cuando subíamos por el bosque a la fiesta de Beluso.
Los músicos estaban tocando cuando llegamos arriba.  Un vendedor con un mazo de papeletas se acercó a nosotros. Tú le compraste unos cuantos boletos de una rifa que sorteaban una ternera. Y los dos nos echarnos a reír.
En torno nuestro bullía una algarabía de campesinos que subían a la aldea, de luces, de farolillos, de trajes nuevos, de música y pregones, enmarcado todo por el bosque, los prados y el sol de la tarde que refulgía abajo, en la ría de Bueu.
Entre la gente encontramos a tus dos hermanos y a tus amigos. Al vernos se sonrieron, vinieron a saludarnos y volvieron a dejarnos solos.
Un gaitero se arrancó de pronto con un vals. Los jóvenes se dividieron en parejas. Tú que eres tan alto te inclinaste hacia mi y con un nuevo destello en tus límpidos ojos, me preguntaste sonriendo: «¿Bailamos?». Pero sin saber por qué nos quedamos allí sin movernos. Nos quedamos apoyados en el muro presenciando el baile y todo el escenario de la fiesta.
Durante largos años he estado anhelando este momento. Durante largos años he deseado que me fuera concedido volver a la tierra, compartirla, abarcarla, vivirla de nuevo con una persona allegada a mi corazón. Y ya ves, he podido escuchar en tu compañía la gaita y las canciones que arrullaron mí niñez. Y me he penetrado de todos los errantes espíritus del mar y del viento, cobijada en el calor de una prenda de lana que era tuya. Y he asistido a una misa aldeana con todos vosotros. Y he podido admirar a tu lado las candorosas imágenes de todos los cruceros que nos salían al camino de Beluso. Y ya entre las sombras del ocaso, he regresado contigo por la soledad del bosque. He regresado con tus rosas silvestres en la mano, despidiendo calladamente los caseríos y la ría de Bueu y las chispitas de luz que se iban encendiendo en las aldeas vecinas mientras arriba, a nuestra espalda, quedaban cada vez más lejos el baile y los rumores de la fiesta.
Ahora tengo el corazón lleno de cosas bellas, lleno de Bueu y de vosotros y al mismo tiempo que te doy a ti las gracias, se las doy también a Dios.
La noche está declinando. Dentro de unas horas, cuando vengas tú, como todas las mañanas a buscarme para ir a desayunar con vosotros, yo ya habré partido. Me marcho al amanecer a la hora en que los hombres retornan de la pesca. Me voy con las rosas silvestres que tú me diste esta tarde... Me voy lejos de la tierra, muy lejos de mi Tatra.
No sé a qué lugares me llevará mi destino. Pero, por donde quiera que pase y sepa yo que tú te encuentras allí, iré a verte. Siempre iré a verte.
La flor del helecho que vive sólo una madrugada, ha florecido esta noche. Es la ofrenda que te hago en memoria del Tatra. Es mi última mirada. Es mi adiós.
A ti mar de Beluso, que seguirás hollando en el dique el lamento de todos los que pasaron, que seguirás cantando día y noche tu sombría cantinela a los niños que quedan y a todos los que hayan de venir; a ti playa de Beluso, te dejo mi carta. En ella te entrego mi silencio, te entrego mi llanto y el nombre de un ensueño que se va.