sábado, 14 de abril de 2018

 La Guardia Civil de Bueu quiere cumplir las ordenanzas, ante la nueva realidad política, y colocar una bandera republicana en la fachada del cuartel.
A menos de una semana después de la instauración de la República en el año 1931 el comandante de puesto de la Guardia Civil de Bueu envía un oficio al alcalde para que este le facilite “una bandera legítima Republicana” ya que mientras tanto ha tenido que modificar la monárquica que poseían hasta ese momento. y lo hace en los siguientes términos tal como transcribo:

Al crearse este Puesto fue dotado de una bandera monárquica costeada por el Ayuntamiento de esta Villa que en la actualidad V. tiene la honra de presidir, y como quiera que al advenimiento de la naciente República, se carece de bandera en esta Casa-Cuartel, espero merecer de la digna autoridad de V. se facilite a este Puesto una bandera legítima Republicana confeccionada con arreglo a las disposiciones vigentes, según me interesa la superioridad; significándole que en el comercio de Don Camilo Davila compré en el día de ayer tres metros de género morado para arreglar la que en la actualidad poseemos y poderla izar por ahora hasta que se me facilite la que en la presente le intereso si así lo acuerda esa junta municipal.
Dios que a V. m. a.
Bueu 19 de abril de 1931
El Comandante puesto P.a.
José García Villanueva



domingo, 1 de abril de 2018


Corren tiempos en los que los presos, las fugas, etc. están en el día a día ... Y esa misma insistencia en las crónicas de los medios de comunicación ha hecho aflorar el documento que les voy a presentar hoy y que habla de la primera[1] de dos fugas sonadas de presos del calabozo del ayuntamiento de Bueu ocurrida en el año 1900. 
El oficio que nos va a servir de guía de lo acontecido viene de la mano del mismo “carcelero” cuya explicación no sabemos si convenció al alcalde o no, pues el relato parece, cuando menos, un tanto novelado...
Pero veámoslo transcrito íntegramente:
Señor Alcalde municipal de este Ayuntamiento de Bueu[2],

Matías Jxxxxx Pxxxxxx vecino de esta villa y encargado por V. de la custodia del que se dice llamar Balbino Sxxxxxxx Pxxxxxx detenido en el depósito municipal por vendedor de Pólvora, a V. le manifiesto: Que hallándome dentro de dicho depósito con este individuo abalanzose sobre mi poniéndome una navaja de afeitar al pescuezo a lo que me intimidé y mientras tanto se apoderó de la llave, franqueó la puerta y se fugó.
Lo que participo a V. para su conocimiento y demás efectos por medio del presente que no firmo por no saber. Verificándolo a mi ruego los que suscriben en Bueu a nueve de junio de mil novecientos.
(asinan) Franco Rúa  e  José Bon


[1] Ya que, de la segunda, de consecuencias funestas, ocurrida el 7 de diciembre de 1936, puede leerse, con una pequeña biografía y acontecer de cada uno de los huidos, en la revista ‘Crónica da represión en Bueu’ de abril 2007, pág. 5-6, editada por la Asociación Amigos de Johán Carballeira.
[2] Miguel Nogueira Fráguas

lunes, 19 de marzo de 2018


El panorama político y el económico se perciben cada vez con más sombras que luces. Y para darnos una pequeña alegría, olvidándonos del pesimismo social imperante, de vez en cuando, muy de vez en cuando, hay que pararse a mirar por la ventana de la honradez. Ésta, según susurra el viento, existió. Y hasta se oyen ecos anónimos, por vergüenza, que dicen que existe.
Para muestra un botón:
Remontémonos a la primavera de 1932 y parémonos en las ordenes que el Ayudante de Marina les da a los ordenanzas de la misma en cuanto a la prohibición de aceptar cualquier regalo que trajeran a dicha Comandancia, ... pudiendo ser sancionados, según la ley, el donante y receptor del mismo...
Pero una infracción a esta prohibición ha quedado documentada cuando el Sr. Ayudante de Marina de la Capitanía del Puerto de Bueu, D. Gonzalo Torrente Piñón[1], envió un oficio al alcalde acompañado de unos “corbelos”, manifestando que una mujer intentara regalárselos.  Pero mejor es que les transcriba el oficio dirigido al alcalde de Bueu:
 Por si se digna disponer su entrega a una familia pobre de esta localidad que V. tenga a bien designar, tengo el gusto de remitirle el pescado que se acompaña, de los denominados “corbelos”; el cual fue entregado en esta Ayudantía en concepto de obsequio para la Autoridad que subscribe, por una mujer que huyó al serle rechazado en cumplimiento a mis instrucciones; sin perjuicio de la sanción que con arreglo a las leyes vigentes haya de imponerle cuando averigüe quien es la mujer de que se trata.
Bueu 27 de mayo de 1932.
(Sello y firma)  Gonzalo Torrente
Nota:
Al dorso do documento encontramos una nota manuscrita con el nombre de la persona a la que el alcalde hizo entrega del pescado. Era del lugar del Norte.



[1] Padre del escritor Gonzalo Torrente Ballester. Estuvo en la Ayudantía Militar de Marina desde 1935 hasta 1952. En julio 1936 fue el militar encargado de hacerse cargo del ayuntamiento de Bueu, deponiendo al alcalde José Gómez de la Cueva (Carballeira)..

jueves, 1 de marzo de 2018

Un mecánico de máquinas de cierre de las latas, empleado de la fábrica de Massó elevó una pregunta, en los primeros meses de 1933, al Ministerio de Trabajo y Previsión: Tal y como se pretende ¿Es preciso modificar las condiciones laborales en la industria, autorizando jornadas femeninas ilimitadas o disminuir el precio de las horas extraordinarias?
Resulta inquietante y muy raro que en condiciones normales un empleado cualificado, y por encima hermano del jefe de fabricación de envases, ponga en cuestión ante las autoridades la posible política de la empresa. ¿Cuál sería el motivo real de la pregunta? ¿Fue realizada “motu propria” o inducida?  Fuese como fuese, responder a esta cuestión hoy todavía resulta difícil. Lo cierto es que por esas fechas no había graves conflictos laborales en Massó. La empresa Massó era pionera no solo tecnológicamente sino también en las condiciones laborales. Y con respecto a las horas laborales recojo del historiador Manuel Aldao[1]: «En el reglamento de 1930 ya aparecían las horas extra»
Varias son las hipótesis posibles para entender la magnitud e intencionalidad de la pregunta, pero en lo que quisiera poner en el punto de mira es el por qué se tiene que hacer y a pesar de la respuesta, apoyada por la ley, todavía hoy seguimos con problemas similares de discriminación y explotación laboral en razón de sexo. 
Transcripción de la respuesta dada, a través de la alcaldía, por la Dirección General del Ministerio de Trabajo, al trabajador:
Por la presente ruego a V. se sirva comunicar al obrero, empleado de la fábrica de conservas de la Compañía Massó Hermanos S.A., Ángel XXXXXX que, en contestación a su escrito elevado al Ministerio de Trabajo y Previsión, la Dirección General me ordena le comunique lo siguiente: ”Que se considera no es indispensable efectuar las modificaciones que se pretenden para que pueda trabajar la industria en condiciones normales, ya que no es posible autorizar jornadas femeninas ilimitadas ni tampoco disminuir el precio de las horas extraordinarias.
Le saluda atentamente
Vigo a 14 de Julio de 1933.”

En vez de dar recetas, que cada quien llegue a alguna conclusión, aunque sea utilizando solamente el sentido común, y en el día a día obre en consecuencia.
[1] La Voz de Galicia, 4-02-2018: “Cuando Massó se adelantos a las grandes mejoras laborales” de Gladys Vázquez

domingo, 11 de febrero de 2018


Ya en la revista O Candil nº 24 titulado “100 anos de Entroido en Bueu[1], página 8, había puesto una referencia a dos comparsas, que actuaran por las calles de Bueu en el año de 1900: una infantil, dirigida por el músico Miguel Paratcha y otra llamada “LA JUVENTUD DE BUEU” bajo la batuta de José Estévez (de la Graña) que también le había musicado unas letras del maestro Ramón Bares Fariña. En la nota se menciona que van vestidos con trajes de la época de Felipe V, así como que el sastre que los confeccionó había sido el vigués Remigio Gómez.

Pero de lo que quiero ahora hacerles partícipes es de la repercusión de esta comparsa bueuense en la ciudad de Vigo: Según la portada del Faro de Vigo del 25 de febrero de 1900 en la ciudad olívica “Los aficionados a las emociones propias de estos días de carnestolendas están en desgracia. El Carnaval promete dar poco de si...”. En esta misma crónica se anuncia vendrá una comparsa de Bueu el Lunes de Carnaval diciendo que “Los que la forman visten trajes de pajes de la época de Felipe V. Cuentan con un variado repertorio[2] que dejaran oír ante la residencia das autoridades y el domicilio de los periódicos. Luego recorrerán las calles de la población, deteniéndose a tocar y cantar en algunos puntos.”
En los albores del siglo XX estaba el carnaval de Bueu dando muestras de su buen hacer por los pueblos de los alrededores y abriendo camino a otras muchas comparsas como la citada infantil del Sr. Paratcha que fueron por Marín y Cangas o, por poner algún ejemplo, As Pirilleiras, Os Mulos[3] e Vou nun Vou actuando con Xarángallo Mángallo en Marín.



[2] Eran “5 bonitos bailables
[3] Actuaron también en Lalín.

jueves, 1 de febrero de 2018

En los pueblos pesqueros como Bueu a lo largo de su historia, principalmente desde la decadencia del papel de la hidalguía clásica local en el s. XVIII, el estatus social estaba vinculado a la relación con el mundo del mar. Es aquí donde con el cambio que sufre la pesca no solo en las artes, los barcos, los procesos de conservación sino también en las relaciones laborales, comercialización, etc. que ha llevado a una transformación social con cambio radical, especialmente en el control de los elementos productivos, económico y político.
A parte de los fomentadores, conserveros, ... un elemento de este motor económico-social fue la figura del patrón (de los barcos de pesca) y por encima de éste el patrón del buque (a menudo patrón-armador).
Ser armador de un buque era ser dueño de los elementos esenciales de la pesca: redes y barcos. En que casi todos los que tenían salazón (Rosa María Avalle, los Galup, los Solabarrieta, etc.), o fábricas de conservas (Massó, Tapias, Prieto, etc.) también tenían embarcaciones menores para la pesca y, para beneficiarse de la comercialización, embarcaciones de alto porte como galeones, bergantines, goletas, etc. (familia Plá-Avalle, familia Galup, Massó, etc.).
  Lo menos frecuente en los últimos siglos era que las personas ajenas al mundo del mar se implicasen en éste como elementos de dominio y dueños de los medios productivos.
Pero mucho más raro ha sido que lo hayan hecho curas párrocos, personas que socialmente se considerasen ajenas a las “ataduras terrenales” y que están a cargo de una comunidad de creyentes o parroquia.
Bueno, si esto último es excepcional en otros lugares de nuestra costa, en Bueu no se ha dado un caso, ni dos ni tres, si no cuatro, en los últimos siglos, al menos que yo sepa.
Para no alargarnos, los citaré brevemente:
 1. Tal como recoge Marinelli, Moreira y Rodal en su «Historia de Cangas»: "El reparto de una ‘sacada’[1] en la que el socio capitalista era el abad de Bueu en 1633 fue la siguiente: la captura se divide en 14 quiñones (partes), y recibe el abad por el barco 2 quiñones, 1/2 por la dorna que auxiliaba en las faenas de pesca, 6 quiñones más por los aparejos, redes, cuerdas, etc. En concepto de diezmo dan a la Iglesia 1,25 quiñón ... "[2]

2. En la época que el abad de Bueu, Fernando de la Rúa, percibía como foro ciertas cantidades de saín, por sus casas del Berbés de Vigo[3] el abad de Beluso, Benito Mondragón, compra la mitad de un barco en 1686, en el que Muros aparece como puerto base[4].
3. En el año 1878 con motivo de un acto de conciliación por la venta de goleta-bergantín "Joven Casimiro" que fuera de la famila Galup y otros propietarios aparece entre éstos D. Benito Díaz, párroco de Beluso (era socio de la viuda de Jerónimo Galup).
4º D. Andrés Vázquez Caneda cura de Beluso desde 1963 hasta su retiro en 1993. Fue armador en asociación con una conocida familia de Beluso en un barco construido en 1974 llamado "Monte Fariño".
Quisiera rematar esta anomalía estadística de curas-armadores en un mismo ayuntamiento con el dato de que otro cura coadjutor de Bueu, Antonio Lojo, era hijo de un patrón-armador de Porto do Son, José Lojo que falleció, con tres marineros y un niño, en el naufragio que se produjo a causa de un temporal el 17 de abril de 1930.


[1] “Sacadas” … es una de las modalidades más conocidas del “cerco”. Las “Sacadas” pequeñas eran la “rapeta” y la “traiña”
[2] Vázquez Marinelli, C., Moreira Pumar, J., Rodal González, M.: «Historia de Cangas», Pontevedra, 2007, p.172
[3] Escribano Matías Avalle y Castro, AHP, Sección Protocolos Ca-1649 bis. Año 1682, f. 12 y ss
[4] Escribano Bernardo de Barros, AHP, Sección Protocolos Ca-3247 (2). Año 1688, f. 56

domingo, 14 de enero de 2018

«Revista Destino. Año 1942, nº. 254 (30 mayo 1942) Pág. 7»
Historia de la familia de los Xirivaos que de labriegos se hicieron marineros lo que hizo que cayeran en desgracia... Historia de naufragios, premoniciones, espíritus,…
Bueu es el lugar donde aparece y es enterrado uno de los Xirivaos….  El pazo del Casal, en ese tiempo taberna de Miguel Costas Acuña[1], la playa de Lapamán, ...
Vale la pena leer estas historias de raíces marineras de la mano de Cunqueiro:
Se perdió en el Gran Sol. Las cuadernas del cielo temblaban, azotadas por un Norés ciego y frío. La niebla llenaba hasta los bordes el pozo del mar. El «Sisán» rodó en la tempestad, como borracho. Desapareció sin dejar rastro. El Viluco dejaba siete hijos, el Carba, seis… Los periódicos de Vigo publicaron las consabidas fotografías de mujeres enlutadas, niños con grandes ojos pasmados. Retrataron la madre del grumete, Pedriño, el Xirivao. Yo conocía a Pedriño. Era muy medrado, claro de los ojos, tostado en la rillotería de la ribera. Era muy alegre rapaz. A su padre, el Xirivao, se lo llevó el mar, haciendo una costera del bonito. La madre quiso apartar al niño de la vida marinera, buscándole un oficio en tierra, en las fábricas, en cualquier parte… Lo encontré lavando vasos en la taberna de Redondelo.
-¿Sabe? -me dijo-. Embárcome en el «Sisán». Va al mar del Sol.
La madre se había liado con un mecánico y se desentendía del hijo.
-El Vituco no quería llevarme, pero el Sondón dice que habrá mala mar mientras esté un Xirivao en tierra. ¡Si me diera aquello!...
Yo le había prometido a Pedriño una vieja cazadora de cuero para su primer viaje. Se la di. Se embarcó con ella y con ella habrá muerto. Yo la llevaba puesta aquella tarde lluviosa, con Luisa… ¡Pobre Pedriño! El Cazás, apestando a aguardiente, me cogió del brazo en la taberna del Redondelo, acercó su boca desdentada a mi oído y susurró algo.
-¿Qué?
-Han visto el «Sisán». Dicen que tenían una promesa en San Andrés y vienen a ella.
El Cazás estaba bastante bebido, pero él no había soñado ni inventado la aparición del «Sisán».
-Los vieron unos de Bouzas, cerca de la Estaca.
-¿Verían al Pedriño con la cazadora? -pregunté sonriendo.
-¡Y verían! – respondió, grave, el Cazás.
Se corrió la historia por Cangas. Pepa, la del Viluco, fue a Pontevedra a consultarlo con las cartas. Salió que sí. Una hija del Carba vio en sueños a su padre, con la cara destrozada y los ojos abiertos, abiertos, …
Se olvidó la historia, como se olvidan todas las historias de los navíos perdidos y de los marineros ahogados. Pasaron varios años. Yo iba a pie de Bueu a Cangas y paré en el casal de Acuña a beber un poco. Estaba allí el Cazás, que llevaba el mismo camino que yo.
-¿Se acuerda del «Sisán»? -me preguntó.
-Acuerdo.
-Lo volvieron a ver. Lo ven dos o tres veces al año. Lo vieron cerca de Ons.
-¿Y Pedriño tenía la cazadora puesta?
-¡Tenía! Le encargué al Xemil que mirara bien si lo cruzaban. Y miró. Pedriño estaba con la cazadora, sentado a popa. Vieron al Viluco y a Manuel de Goás y al Mañá. El Xemil es arriesgado y quiso abordarlo, pero desapareció de repente «la fantasma» … El Cazás meditaba algo. El Cazás tenía entre pecho y espalda una historia.
-¿Quién haría el hechizo? -dijo-. No se sabrá nunca, pero yo creo que fue el padre de Pedriño, el Xirivao, el que se ahogó en la costera del año veinte. Y el Cazás contó la historia del Xirivao. Mejor dicho de los dos Xirivaos.

 Los Xirivaos eran de tierra adentro, de Pazos de Borbén, que es país de montañas. En Cangas trabajaban las tierras de maíz y los viñedos. Eran labriegos, que no marineros, y el viejo Xirivao, el abuelo de Pedriño no gustaba del mar. Cosechas son las de la tierra, el pan y el vino, y daba todo el mar, todos los peces y fantasías del mar, por un cacho de borona dorada, recendiendo a la cochura, y una taza de aquel blanco alegre y pícaro del Morrazo… El Xirivao era un labriego; no paseaba por el muelle ni acudía a ver la llegada de las barcas. El Xirvao gozaba contemplando las tierras, los árboles, las cumbres que asoman sobre Vigo, tierra adentro. Cuando el hijo, Manuel, se negó a trabajar en la tierra y quiso salir al mar, el viejo Xirivao le pegó y lo dejó por muerto en el corral. Pero Manuel escapó y anduvo de barca en barca y de «bou» en «bou» y un día aprobó para patrón de pesca. El Xirivao viejo se marchó de Cangas y no se volvió a saber de él. Decían que había maldecido al hijo y al mar, que había profetizado mil calamidades a los Xirivaos que salieran al mar.
-¡Ni ahogados tendréis paz! -maldijo.
Manuel Xirivao era patrón de pesca del «Lourditas». Se casó con la Raíña, que era mocita muy pulida, medio modista. El Xirivao pasaba los trabajos del mar, pero se consolaba con la Raíña, que era una mujer melosa, coquetuela y muy apañada. Andaba muy linda y tenía la casa como un espejo. El Xirivao pensaba que con él navegaba la suerte. Pero en la costera del año veinte quebró la racha y el «Lourditas» se perdió frente a Leixoes. Se salvó el Piquín.
-Al Xirivao lo agarró un golpe de mar y lo llevó por los aires. Aun lo vimos unos minutos, a babor. No podíamos hacer nada. Corríamos sin gobierno. El cadáver del Xirivao apareció en la playa de Gudiá.
El Piquin había visto el cadáver; lo reconoció. Era Manuel el Xirivao, comido por el mar, hinchado y podre, pero el Xirivao, patrón de pesca del «Lourditas». Lo enterraron …
Un mes después, cerca de Bueu, en la playa de Lapamán, apareció un cadáver. Tendría como cinco días de mar. Lo identificaron: era Manuel el Xirivao. ¡Imposible! Pero no había duda: era Manuel el Xirivao, el ahogado de Leixoes. Lo enterraron en Bueu.
El Piquin no quiso creerlo. El Piquín estuvo en Gudiá el día del entierro del Xirivao y también estuvo en Bueu. Era el mismo cadáver, con la misma ropa destrozada, la misma inchazón, la misma podredumbre… El Piquín enfermó y veía al Xirivao en todas partes.
-Un día lo he de ver ahogado de verdad, decía.
Una mañana encontraron a Piquín en el cementerio de Bueu. Se había vuelto loco. Murió entre horribles miedos, gritando, rechazando con las manos al Xirivao, al patrón del «Lourditas», que no estaba ahogado, que estaba sentado en la cama del Piquín remendando una red, una red blanca, que olía a carne podrida.
La mujer del Xirivao, la Raíña, dio a luz. Pedriño era niño medrado, vivaz, rillote. Lo llevaron a San Benito el Negro, para que los aires del padre no le acogiesen. Creció jugando en la playa. La Raíña se había dado un poco a la bebida y pegaba al rapaz. No quería que fuese marinero. Pedrín anduvo de criado por las aldeas. La Raíña tenía cuarenta años, pero aun conservaba aquel garabeo, aquel donaire, aquella polidura. El mecánico, Justo, la rondaba y terminaron por enrolarse juntos. La Raíña se despreocupó del hijo, que vino de mozo a la taberna del Redondelo. Pedriño tenía la fantasía del mar. Contaba la historia de su padre.
-Como quería el mar a mi padre, que lo trajo hasta Bueu.
El Viluco no quería embarcar al rapaz. Pero Sendón se impuso. El Sendón aseguraba que el Piquín había sido toda su vida un quisicosa, que ni el mar lo quiso, y que el Xirivao era un fachendoso, un marinero, un timón, un aparejo, un borracho. El Sendón embarcó a Pedriño en el «Sisán».
-Portate bien -le dijo-, que la mar es muy agradecida.
-Esto del «Sisán» -comentó el Cazás, es cosa de los Xirivaos. No está bien mudar de casta. El labrador para la tierra y los marineros para la mar. Lo contrario es como casarse con extranjera o mujer que no sea de la misma clase de uno. Entonces vienen los amores desesperados…
El Cazás tenía razón. Yo pretendía comprender esto bien. Oía a Pedriño: «¡Cómo quería el mar a mi padre!» Si, tenía razón el Sendón, el mar es muy agradecido. La tierra no es así, devora cadáveres. La riqueza del mar es mayor: devora hombres vivos; es ciega y apasionada, tiene sangre en las venas y te puede acariciar con la mano, mientras rueda la ola por las arenas y la espuma susurra, susurra como una nana… Y te lleva a ella, a su pecho, a su vientre, a sus labios, a sus cosechas, cuando eres mozo todavía y tienes la boca fresca, los ojos alegres, el corazón latiendo. Los Xirivaos se dejaron coger por la ancha mar. Habían venido de la montaña, pero aquí, en la ribera, se les hicieron los ojos claros… Cualquier día, un marinero de Ons o de Estribela se cruzará con el «Sisán», que llevará en el puente de mando a Pedriño y a Manuel el Xirivao echando la red con el Sendón, con el Mañá, con el Xemil, con el Villuco, con Maumau, con Manuel de Goás, con Pedro de Forxán,…, con todos los que dejaron el maíz y el viñedo por el Gran Sol y la fantasía del mar… La mar es muy agradecida.”


[1] Que se lo comprara a la familia Aldao el 18-1-1914.